Fundamentos

Casi 1.000 millones de personas padecen desnutrición: no logran consumir alimentos suficientes para satisfacer la ingesta calórica mínima requerida. El 98% de ellas vive en países del Sur (578 millones en Asia y el Pacífico, 239 millones en África Subsahariana, 53 millones en América Latina y el Caribe, 37 millones en Medio Oriente y el norte de África) y sólo el 2% restante -19 millones- en los países del Norte (1).

La mitad de las personas que sufren desnutrición son pequeños agricultores de subsistencia; otro 20%, personas sin tierra que se ven obligadas a trabajar como jornaleros en campos de propiedad ajena; otro 10%, pastores, pescadores tradicionales y recolectores; el 20% restante, pobres urbanos (2).

Cada día mueren 18.000 niños por causas directamente relacionadas con la desnutrición (3), la cual contribuye a más de un tercio de las muertes de los niños menores de 5 años (4).

Asimismo, una de cada tres personas en el mundo padecen “hambre oculta” o malnutrición, esto es, el déficit en la ingesta de micronutrientes esenciales: la falta de acceso a vitamina A mata un millón de niños al año (5) y provoca ceguera, mayor susceptibilidad a las enfermedades y tasas de mortalidad más elevadas (6); la deficiencia de hierro es la forma más prevalente de malnutrición: afecta a más de 2000 millones de personas(7) y es la responsable de detener el desarrollo mental del 40 al 60% de los niños en países en vías de desarrollo (8); la carencia de iodo es la principal causa de retardo mental y daño cerebral y afecta a 1900 millones de personas.(9).

Y, al mismo tiempo en que tiene lugar esta tragedia silenciosa, en el mundo viven 1500 millones de personas con sobrepeso, y 500 millones padecen obesidad,10 cuya prevalencia actual no sólo ha alcanzado niveles sin precedentes, sino que la tasa de aumento anual es sustancial en la mayoría de las regiones”(11). Del mismo modo, en los países del Norte entre una décima y una cuarta parte de las enfermedades son provocadas por los riesgos asociados a dietas inadecuadas (12).

La contradicción más gorda de nuestro tiempo es, pues, que vivimos en un mundo de obesos y famélicos.(13)
Esa contradicción es humana, bien humana, demasiado humana: “el suministro de alimentos está filtrado por procesos económicos que niegan una ingesta adecuada a muchos al tiempo que ofrecen una gran sobredosis a unos pocos afortunados”.(14) La clave del problema, claro está, no es la disponibilidad de alimentos, sino el acceso desigual a los mismos.

En efecto, ya en 1985 los seres humanos alcanzamos la suficiencia alimentaria: por primera vez en la historia, hubo alimentos para todos. Ese mismo año, empero, un millón de personas, sólo en Etiopía, murieron de hambre.(15) La “gran hambruna no se derivó de una falta de alimentos, sino que fue el resultado de una organización social inhumana. Había suficiente comida en el país, pero cuando vino la sequía, los precios subieron tanto que los campesinos pobres no tenían con qué pagarla, y desfallecían de hambre en los suelos de los mercados rebosantes de alimentos”.(16)

En “el nivel actual de desarrollo de las fuerzas productivas agrícolas, la Tierra podría alimentar a doce mil millones de personas, esto es, aportar a cada individuo una alimentación equivalente a 2700 calorías al día”.(17)

Hoy somos 7.000 millones de personas, y 925 millones padecen una desnutrición crónica y mutiladora.
Amartya Sen, en su célebre obra sobre las hambrunas contemporáneas, demostró que “la inanición no es una simple cuestión de alimentos disponibles per cápita, sino más bien una función de las relaciones que dan derecho a ellos, tales como el intercambio de la propiedad, el empleo y los derechos a la seguridad social. Incluso en épocas de hambre, hay alimentos disponibles; la gente muere de inanición por su incapacidad de acceder a la comida. No tiene dinero para comprarla o un derecho social o políticamente sancionado a recibirla gratis”.(18)

Dicho en sus propios términos, “las fuerzas del mercado operan a través de un sistema de relaciones legales (derechos de propiedad, obligaciones contractuales, intercambios legales. La ley se sitúa entre la disponibilidad de los alimentos y el derecho a los mismos. Las muertes por inanición pueden reflejar la legalidad en su grado sumo”.(19)

¿Cómo recepta el derecho este fenómeno? ¿Es capaz de brindarle una respuesta? ¿Puede operar como una herramienta de cambio, como un instrumento de transformación social? ¿Puede proponerse una Casa de Estudios contribuir a formar una generación de mujeres y hombres que se obsesionen por abandonar, a su muerte, un mundo sin hambre? ¿Lograr que éste sea el desafío y la contribución de una generación?

Este es el objetivo principal del Seminario Interdisciplinario sobre el Hambre y el Derecho a la Alimentación Adecuada de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

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(1) Cfr. Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), El Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación 2010-2011, FAO, Roma, 2011, p. 71.
(2) Cfr. UN Millennium Project, Halving Hunger: it can be done, Summary Version of the Report of the Task Force on Hunger, The Earth Institute at Columbia University, New York, 2005, p. 6.
(3) Cfr. Informe del Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación, 19 de enero de 2007, A/HRC/4/30, p. 6.
(4) Cfr. UNICEF, Tracking Progress on Child and Maternal Nutrition, New York, 2009, p. 3.
(5) Cfr. UNICEF, Vitamin and Mineral Deficiency, A Global Progress Report.
(6) Cfr. UN Standing Committee on Nutrition, World Nutrition Situation 5th Report, 2005.
(7) Cfr. World Health Organization, WHO Global Database on Anaemia.
(8) Cfr. UNICEF, Vitamin and Mineral Deficiency, cit.
(9) Cfr. UN Standing Committee on Nutrition, World Nutrition Situation 5th Report, cit.
(10) Cfr. Organización Mundial de la Salud, Obesidad y Sobrepeso, Nota Descriptiva 311, febrero de 2011.
(11) Cfr. OMS, Serie de Informes Técnicos, Dieta, Nutrición y Prevención de Enfermedades Crónicas, OMS, Ginebra, 2003, p. 117.
(12) Cfr. Millennium Ecosystem Assessment, Ecosystems and Human Well-Being, World Health Organization (WHO), Geneva, 2005, p.2.
(13) Cfr. Patel, Raj, Obesos y Famélicos: Globalización, Hambre y Negocios en el nuevo sistema alimentario mundial, Marea Editorial, Buenos Aires, 2008, p. 7.
(14) Wallerstein, Mitchel, “Interdisciplinary Dialogue on World Hunger. United Nations University. Tokyo”, en Eide, Asbjorn and others (editors), Food as a Human Right, The United Nations University, Tokyo, 1984, p. vii, ix.
(15) Cf. Clarke, John, Ethiopia´s Campaign Against Famine, Harney and Jones Ltd, London, 1986, p. 34; Cf. Hancock, Graham, Lords of Poverty, Camerapix Publishers International, Nairobi, 2006, p. 119.
(16) Cfr. Kapuscinksi, Ryszard, Ebano, Crónicas Anagrama, Editorial Anagrama, Barcelona, 2007, p. 146.
(17) Informe del Relator Especial sobre el Derecho a la Alimentación, 7 de septiembre de 2001, E/CN.4/2001/53, p. 3.
(18) Tilly, Louise, “Derecho a los Alimentos, Hambre y Conflicto”, en Rabb, Theodore K – Rotberg, Robert I, El Hambre en la Historia, Siglo XXI de España Editores, Madrid, 1990, p. 148.
(19) Sen, Amartya, Poverty and Famines. An essay on Entitlement and Deprivation, Oxford, 1981, p. 160.

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